Estos días son de mucho calor. Y siempre es refrescante ver imágenes con nieve o que nos trasladan al frío invierno.
Quiero compartir en este espacio varias de un viaje realizado la pasada Navidad a Budapest.
Inmejorable por la compañía, por lo vivido y por lo visto. Por el relax, la tranquilidad y el descubrimiento constante. Por sus gentes, balnearios, teatros y tiendas.
Una ciudad por descubrir también en invierno y cubierta por un palmo de nieve, con días cortos y temperaturas bajo cero, mercadillos navideños y comida exquisita.
Ciudad de contrastes, de recuerdos de las guerras mundiales y de su pasado comunista, de un idioma imposible de entender y hablar al principio pero que cuando te acostumbras a él estás deseando aprender. De gente de treinta y pocos que te dice que en el comunismo se vivía mejor, que ahora hay mucha crisis y más pobreza.
En el monedero me traje un billete y algunas monedas, motivo más que suficiente para volver a Budapest. Una ciudad que engancha y que tira de tí para que vuelvas en cualquier otra época del año.
¿Querrás volver conmigo?